señales sin título [2010]

Intervenciones en el Metro de la Ciudad de México
Impresión digital sobre autoadhesivos y Plotter de corte sobre PVC
2010
Ciudad de México

El juicio que recae sobre un objeto en la ciudad es relativo, en ningún caso es absoluto ya que la experiencia con él siempre estará mediada por la perspectiva del uso que se le desea dar. Algunos objetos tienen explicita una “estructuralidad técnica”[1] que remite fácilmente a su uso y al juicio que recae sobre ellos por medio de un orden cultural previo. En las ciudades distintos canales de transmisión son adoptados con diferentes intenciones; varios modos de narrativa se entremezclan entre las personas, organizando sus pensamientos en pro del orden social y cultural.
Miles de mensajes habitan las calles, a veces mejor que los propios ciudadanos, habitan los espacios más recónditos, con una planeación acerca de la pertinencia y del impacto que pueden llegar a producir. Los mensajes guían. Son mensajes compuestos por publicidad, señalética, y hasta expresiones individuales como el arte. Todos estos mensajes, por lo menos los que funcionan mejor, constan de una planeación local, muchas veces basada en aspectos globales que han funcionado en distintos territorios; esta globalización del mensaje local unifica de cierta manera algunos comportamientos y decisiones que cada uno de los ciudadanos lleva a cabo al seguir esa narrativa urbana.
De este modo podría hablarse de una especie de unificación u homogeneización de los parámetros de contemplación actuales. La mirada del ciudadano en ciertos espacios se encuentra supeditada al guión narrativo urbano; caminando desprevenidamente por espacios llenos de avisos y señales, toma decisiones las cuales posteriormente supone que son resultado de un libre albedrío.
“Señales sin título (Ciudad de México)” está compuesta por una serie de modificaciones producidas sobre el patrón utilizado para la realización de la señalética en la ciudad, mensajes que al igual que los encontrados comúnmente, presentan “la unión de un plano de la expresión o significante y un plano del contenido, o significado”[2] , en este caso separando el texto de la literalidad respecto a la imagen, intentando producir significados distintos, apartándose de la estructuralidad técnica para a su vez alejarse o distinguirse de un orden cultural, guardando ciertos grados de connotación en medio de la irracionalidad para permitir una identificación por parte de cualquier ciudadano.
Es en este momento en que el valor aportado por un ciudadano sobre el objeto, puede dirigirse en varias direcciones, desviándose de las establecidas comúnmente, o tal vez convirtiéndose en un objeto de desagrado, este punto también depende en gran medida del mensaje emitido por medio de este canal de transmisión y por supuesto de la condición sentimental, económica, social o política del punto de recepción, es decir de los habitantes-espectadores.
No es de mi interés las sutilidades emocionales que puedan llegar a despertar los mensajes grabados en cada una de las señales producidas, ya que en realidad se escapa de mi control el grado de agrado o desagrado que puedan llegar a producir; el epicentro real del planteamiento (que poco a poco se convierte en un preocupación ) es el de involucrar una consciencia de contemplación por medio de ciertos mensajes, más que de una simple transmisión de información que puede que la mayoría de las veces, al igual que el arte urbano en la mayoría de las ocasiones, resulte inútil.
Por medio de algunos procesos de contemplación se puede escapar en cierta medida de los patrones establecidos por el guión urbano, producido en conjunto por métodos de disuasión de la realidad individual, en busca de una eliminación del individuo y la instauración total de la tendencia. Pero, siendo realistas o hiperrealistas, podemos estar seguros de que no vamos a alcanzar en ningún momento una independencia de ese tipo, por lo menos habitando en la ciudad actual.

1.Termino utilizado por Jean Baudrillard en su libro El sistema de los objetos. 4a. ed. México-Bogotá, Siglo XXI, 1978.
2.Barthes, Roland, La aventura semiológica. Barcelona, Ediciones Paidós, 1990. pp. 239.